sábado, 6 de febrero de 2016

Chachi Guitar

Chachi GuitarVamos a empezar nuevamente las reseñas de este blog, y lo vamos a hacer con una página web que no hace mucho que he descubierto y que a buen seguro será de gran utilidad para todos aquellos guitarristas con un mínimo de nivel pero que todavía necesitan y quieren continuar aprendiendo. Se trata de “Chachi Guitar” a la que podéis acceder a través del siguiente enlace: http://www.chachiguitar.com

A nivel de diseño y maquetación, “Chachi Guitar” no tiene absolutamente nada destacable o que llame la atención. Se trata básicamente de un blog creado la tecnología WordPress utilizando una plantilla muy básica como los cientos de miles que existen en Internet. Pero no es la calidad de su diseño lo más importante de este sitio web sino la calidad de sus contenidos. “Chachi Guitar” se compone de diferentes secciones y categorías de entre las cuales yo destacaría los artículos y los tutoriales. En la categoría de artículos Ignacio y Javier, los autores del blog, nos aportan un poco de culturilla general sobre el mundo de la guitarra. Aquí podemos encontrar cosas tan interesantes como una descripción de los diferentes tipos de pastillas, unas guías básicas de cómo montar un estudio de grabación doméstico, un breve pero detallado repaso a la carrera de los principales guitarristas de la historia o una guía para elegir tu nuevo amplificador. En cuanto a los tutoriales, para mí esta es la sección estrella del blog. Periódicamente y haciendo un magnífico uso del recurso YouTube, los autores del blog y de los mismos vídeos nos dan unas pinceladas teóricas a la vez que prácticas de cómo tocar determinados estilos y técnicas. A partir de un vídeo y de una tablatura de ejemplo, Ignacio y Javier nos enseñan desde cómo tocar blues con la escala pentatónica, hasta la técnica del “tapping”, pasando por un breve repaso a los estilos de Slash, Juan Valdivia o David Gilmour entre otros.

Pero no sólo del altruismo vive “Chachi Guitar”. Además de los artículos, las lecciones, las recomendaciones y los tutoriales gratuitos, en la sección “Cursos” del blog uno puede comprar, a un precio bastante asequible (menos de 10€), diversos cursos de guitarra acompañados de sus correspondientes bases rítmicas para practicar lo aprendido. La verdad es que sería de agradecer que, ya puestos, estos cursos fueran gratuitos, pero bueno, con el curro que se pegan en la preparación de los vídeos se les puede disculpar y tampoco está mal que se autofinancien el trabajo que hacen a través de los cursos y no a través de publicidad molesta y desagradable como hacen otros.

Si tengo que ser sincero, todavía no he seguido ninguno de los tutoriales ofrecidos por “Chachi Guitar” ni he intentado siquiera reproducir alguna de sus tablaturas. Desgraciadamente todo esto me pilla muy mayor y ya no tengo ni el tiempo ni las ganas necesarias para seguir aprendiendo y mejorando la técnica que nunca llegué a tener. El motivo por el cual he querido recomendar esta página es por la sensación de envidia malsana que me provoca. Algo así es precisamente lo que a mí me hubiera gustado tener cuando, allá por el año 1994, me hice con mi primera guitarra y me propuse aprender a tocarla por mi cuenta, sin pagarme clases e intentando imitar a mis guitarristas preferidos (con todo lo que eso ha supuesto para la salud de mis dedos y muñeca). Vosotros, jovenzuelos, que no tenéis que ir pasándoos fotocopias, cintas de cassette y vídeos VHS entre vuestros colegas, no seais idiotas y aprovechad todo lo que el maravilloso mundo de Internet ofrece a los guitarristas en ciernes, pero eso sí, no dejéis de practicar, estudiar y tocar si no queréis poneros colorados cada vez que le decís a alguien eso que todos hemos dicho alguna vez de: “Sí, yo también toco la guitarra”.

domingo, 24 de enero de 2016

I'm still alive

Estimados lectores y lectoras del blog de El Artista Multimedia... ¿Hay alguien ahí?

Sí, han transcurrido dos años y cuatro meses desde la última vez que publicara algo aquí y durante todo este tiempo han pasado muchas, muchas, muuuuuchas, muchíiiisimas cosas. Tantas que todas ellas me han mantenido completamente alejado de mis actividades “bloguísticas”, esas que tanto me gustaban y de las que tanto disfrutaba en mis ratos libres. La verdad es que lo he echado bastante de menos, y es por eso que me gustaría (en la medida de lo posible) recuperar la actividad en este blog y volver a poner en práctica el noble arte de la sandez y la rajada.

Dicho lo cual, ¿qué mejor manera de volver a las andadas que con este “Alive” de la banda Pearl Jam grabado allá por 1991 en los estudios de la cadena estadounidense MTV, en la época en que los “unplugged” de la MTV eran unplugged de verdad y en la que las bandas de música hacían música de verdad?

Pues eso... que “I'm still alive”. Empezamos.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Bodega Montferry

Siguiendo con las reseñas de mis locales preferidos de Barcelona, en el siguiente artículo le toca el turno a uno sobre el cual tenía muchas ganas de escribir por el especial afecto que le tengo. Se trata de un lugar con mucha historia pero que desde el pasado mes de Julio puede que sea uno de los que más y mejores críticas han recibido en redes sociales, blogs, revistas, periódicos y programas radiofónicos de temática lúdico-gastronómica. Me refiero a la bodega Montferry.

La bodega Montferry es un pequeño local ubicado en la calle Violant d'Hongria del barrio de Sants de Barcelona. Fue fundada en el año 1965 por el señor Pere Rovira, un tarraconense nacido en el pueblo Montferri de la comarca de l’Alt-Camp, que poco a poco se convirtió en propietario de una red formada por una cincuentena de bodegas distribuidas por toda la Ciudad Condal, de las cuales hoy en día sobreviven muy pocas. Tras permanecer abierta durante cuarenta y ocho años y habiendo llegado sus anteriores propietarios a la edad de la jubilación, la bodega Montferry de la calle Violant d'Hongria se vio irremediablemente abocada al cierre. Fue entonces cuando llegaron Alberto García Moyano, Marc Miñarro y Raquel Bernús para hacerse con las riendas del local y montar una auténtica revolución en el barrio de Sants de Barcelona, convirtiendo este antiguo establecimiento de barrio en un lugar imprescindible, eso sí, sin hacerle perder ni una pizca de su solera original.

De forma muy acertada, y puede que éste sea uno de los principales motivos del enorme éxito y aceptación que está teniendo desde su reapertura, Alberto, Marc y Raquel decidieron no alterar la estética ni el espíritu de la bodega Montferry. Lejos de virguerías del grafismo y la rotulación, el cartel del local conserva su color y tipografía originales (letras negras sobre fondo blanco), su texto original (“Bodegas Montferry. Vinos y licores”) y su magnífico logotipo original (una adaptación de la figura del niño de la fuente de los Jardines de Can Mantega esculpida en 1880 por Agapit Vallmitjana i Barbany). Pero si dejamos de lado el rótulo y pasamos a su interior, también podemos comprobar que ningún interiorista sueco ni ningún diseñador de vanguardia han estado trabajando en su decoración. Aunque nunca hayamos estado en la antigua bodega Montferry, cualquiera que la visite hoy en día enseguida podrá advertir que el local conserva toda su alma bodeguil: Mesas de mármol con estructura y patas forjadas en hierro; sillas de madera austeras pero firmes; el clásico espejo anti-rufianes presidiendo la pared frontal; barra de bar de aluminio; nevera y despensa empotradas en la pared con puertas de madera; un ramillete de ajos, hojas de laurel y pimientos secos colgando de las vigas; ventiladores de grandes aspas pendientes del techo; y doce barriles de diferentes tipos de vino como protagonistas absolutos del local. Pero ojo, que nadie piense que por ser de estética clásica la bodega Montferry es el típico tugurio mugriento por el que no pasa un paño húmedo desde el año 1972. La bodega Montferry es estéticamente clásica pero su impecable higiene y pulcritud llama considerablemente la atención si la comparamos con otros locales de Barcelona (que podría mencionar pero que no lo voy a hacer) de características similares.

Una vez analizado el cartel de la entrada y la estética interior, sólo queda analizar lo más importante de cualquier bar, bodega, taberna, restaurante o lugar de esta índole, aquello por lo que cualquiera que lo visite por primera vez se va a ver motivado a volver: Los productos alimenticios. Cualquiera que piense en el término “bodega” puede llegar a creer que es sinónimo de chato de vino rancio, de botellín de cerveza y, como mucho, de frutos secos, olivas, conservas y patatas fritas de bolsa. En el caso de la bodega Montferry nada más lejos de la realidad. Los masoquistas que seguimos a la bodega Montferry a través de Facebook, Instagram o Twitter tenemos la suerte (o la desgracia según la hora del día que sea cuando lo miramos) de estar siempre al corriente (con foto incluida) de los magníficos bocadillos con pan de leña que cada mañana Marc y Raquel preparan a sus clientes para desayunar: De escalibada con queso de cabra; de pechuga de pollo rebozada con tomate y huevo duro; de lomo a la brasa con cebolla y ajetes; de atún con tomate seco, pimienta y pimentón; de chistorra con pimiento verde; o de sobrasada con cebolla confitada y ron son sólo algunos ejemplos. Pero no sólo de bocadillos vive la Montferry. Sus croquetas caseras de carne a la brasa, queso roquefort o escalibada; su morro de cerdo frito; sus combinados de conservas con salsa espinaler casera; o sus raciones de “cap-i-pota” o de albóndigas con sepia hacen las delicias de cualquiera que pase por allí. Tanto es así que resulta prácticamente imposible ir a tomar una cerveza a media tarde y no caer en la tentación de pedir algo para regalar al estómago. Y en cuanto a lo que uno puede beber, pues obviamente en la Montferry te pueden servir desde la clásica caña de cerveza de toda la vida hasta un delicioso vermut artesanal que resucita a los muertos, pasando por todo tipo de vinos procedentes de diferentes lugares de la Península Ibérica.

Y muchos se preguntarán: “¿Pero de dónde han salido estos tíos?” Pues la verdad es que ninguno de ellos tiene una dilatada experiencia en la hostelería ni nada por el estilo. Como quizás muchos de los lectores recordarán, Alberto García Moyano es el alma mater de “En ocasiones veo bares”, aquel portal de Internet dedicado a los bares, bodegas y tabernas más emblemáticos de la ciudad de Barcelona que en su día reseñé en la sección de “Enlaces” de este blog. Tanto Alberto como Marc y Raquel comparten la afición de visitar y valorar los mejores lugares de la Ciudad Condal donde tomar unas buenas tapas y saborear un buen vermut, y de hecho es fácil encontrárselos en cualquiera de las rutas y gymkanas organizadas desde “En ocasiones veo bares”. El pasado mes de Julio, aprovechando una serie de coincidencias, circunstancias y dejándose llevar por una ilusión, estos tres amigos decidieron hacerse con la bodega Montferry de la calle Violant d'Hongria y desde entonces hasta ahora lo único que han hecho ha sido, simple y llanamente, ofrecer como hosteleros aquello que ellos siempre han apreciado y valorado como clientes: Calidad, amabilidad y profesionalidad. Decoraciones y estética al margen, yo sinceramente creo que es ahí precisamente donde reside la clave del tremendo éxito que están teniendo. Desde aquí me gustaría desearles que sea por muchos años.

Bodega Montferry
Facebook | Twitter | Instagram
C/ Violant d'Hongria Reina d'Aragó Nº105
Metro: Plaça de Sants | Plaça del Centre

lunes, 2 de septiembre de 2013

“Cactus”: Escuela de música Juan Valdivia y Global Humanitaria en la India

A finales del año 1996, la banda de rock Héroes del Silencio decidió dar por finalizada su andadura debido a una serie de diferencias irreconciliables entre su vocalista Enrique Bunbury y su guitarrista Juan Valdivia. Desde ese momento, la carrera artística de cada uno de los integrantes de Héroes del Silencio ha avanzado de forma bastante dispar, corriendo cada uno de ellos diferentes suertes en lo profesional. En el caso particular de Juan Valdivia, éste terminó la última gira del grupo con un grave problema de tendinitis en su muñeca izquierda que le obligó a someterse a una complicada intervención quirúrgica. Durante su largo periodo de recuperación, los médicos aconsejaron a Juan Valdivia no volver a tocar la guitarra durante un tiempo ya que éste había sido el motivo por el que a lo largo de los años había desarrollado su lesión. Lejos de apartarle definitivamente de la música, la imposibilidad de tocar la guitarra hizo despertar en él un grandísimo interés por el piano, llegando incluso a estudiar la carrera en el conservatorio.

En el año 2001, cinco años después de la disolución de Héroes del Silencio, Juan Valdivia publicaba en edición limitada su primer y hasta el momento único trabajo discográfico al margen de la banda titulado “Trigonometralla”. Grabado de forma modesta, sin pretensión alguna, con el apoyo de familiares y amigos, y con el único fin de disfrutar componiendo, tocando y grabando canciones, “Trigonometralla” era simplemente una recopilación de canciones y composiciones instrumentales que Juan Valdivia había ido escribiendo a lo largo de sus años de retiro y aprendizaje. Dentro de estas composiciones se encontraba “Cactus”, un tema cargado de emotividad y energía positiva que durante los últimos meses ha vuelto a ser noticia.

A principios del mes de Julio de 2013 y contando con el apoyo de Juan Valdivia, la O.N.G. Global Humanitaria impulsaba la construcción y puesta en marcha de una escuela de música para niños de la zona rural de Baruipur, en la India, con el objetivo de mejorar la calidad educativa y frenar el abandono escolar a partir de los 10 años. El pasado mes de Enero Juan Valdivia se desplazó hasta la India para conocer de primera mano los proyectos educativos de Global Humanitaria en la zona y apoyar la construcción de esta escuela de música. En la aldea de Ratanpur, Juan Valdivia puso la primera piedra de la escuela que lleva su nombre, y para impulsar la construcción de esta infraestructura, durante su viaje grabó un videoclip para la canción “Cactus” comentada con anterioridad. Este vídeo es precisamente al que va dedicado este artículo del blog de El Artista Multimedia y es el que adjunto a continuación:


Juan Valdivia cedió una de las guitarras que utilizó durante el rodaje del videoclip para sortearla entre todas las personas que realizasen una microdonación a favor del proyecto. Además, todos aquellos donantes que participaron en este reto tuvieron la posibilidad de recibir una versión inédita de “Cactus” compuesta especialmente para esta ocasión. Si deseas conocer todos los detalles de este proyecto solidario puedes obtener toda la información a través del siguiente enlace:

[Escuela de música Juan Valdivia en Baruipur (India)]

domingo, 18 de agosto de 2013

Concierto de Mark Knopfler (Poble Espanyol, Barcelona 25/07/2013)

El ex–líder de Dire Straits aburre a las piedras en la Ciudad Condal

Como ya comenté en Diciembre del año pasado cuando reseñé la edición especial de “Alchemy Live”, estaba ultrailusionado con poder asistir a un concierto del que fue mi primer ídolo musical. Contaba yo con diez años y ya hablaba de Dire Straits y de su líder Mark Knopfler como el que con esa edad habla del delantero centro de su equipo de fútbol preferido, de un personaje de su serie de dibujos favorita o del protagonista de la película de acción de moda en ese momento. No es que me las quiera dar de joven yo aquí ahora, pero la verdad es que nunca tuve la oportunidad de ver en vivo a Dire Straits. Además, por unas cosas o por otras, ninguna de las últimas veces que Mark Knopfler ha pasado por Barcelona he podido ir a verlo. El caso es que cuando vi anunciado que en verano de 2013 el ex-líder de los Dire Straits arrancaba la gira española de promoción de su último disco en solitario en el Poble Espanyol de Barcelona, no dudé ni un segundo en ponerme en contacto con mi hermano (personaje imprescindible en la historia de mi pasión por Dire Straits) para comunicárselo y comprar las dos entradas. No he seguido casi nada de la carrera en solitario de Mark Knopfler, de hecho me quedé en el primer disco titulado “Golden heart” (1996) que no me desagradó ni mucho menos pero que, al no ser mi estilo preferido, hizo que me desconectase por completo del giro country-celta que había adquirido la nueva etapa musical del escocés a pesar de publicar éste un disco prácticamente casi cada dos años. Pero claro, uno siempre piensa que cuando una leyenda de la música realiza una gira de conciertos para promocionar su nuevo trabajo, sí, interpreta alguno de sus nuevos temas y tal, pero que la base fundamental de los conciertos va a consistir en la interpretación de aquellos temas que hacen a la gente pagar 62 Euros para ir a verlo en directo, los de toda la vida, los que le han llevado a la fama y por los cuales ahora mismo tiene el nombre, la reputación y la fama que tiene. Con Aerosmith, The Cult, Sebastian Bach, Lenny Kravitz, Muse, Jamiroquai, Bon Jovi, Metallica y un largo etcétera de artistas a los que he ido a ver en los últimos años así ha sido. Pues bien, Mark Knopfler ha resultado ser la excepción que ha confirmado la regla.

Eran aproximadamente las 21:45h. cuando, tras un cuarto de hora de cola, conseguí entrar en el recinto del Poble Espanyol de Barcelona. La última vez que estuve allí para presenciar un concierto fue dos años y seis días atrás exactamente para ver a Jamiroquai. La calidad del sonido y del espectáculo en aquella ocasión no fueron los mejores precisamente, así que tampoco esperaba un gran sonido en esta ocasión. Para el que no lo conozca, el Poble Espanyol de Barcelona es un recinto abierto donde se recrean distintas calles, lugares, edificios y monumentos arquitectónicos de la geografía española. Durante los meses de verano, en la plaza central del recinto se celebran conciertos y espectáculos de grandes artistas del panorama musical internacional. Es un entorno muy agradable para disfrutar de una velada musical veraniega al aire libre pero tiene el problema de que, al tratarse de una plaza como podría ser la de un pueblo cualquiera, ésta está rodeada de edificios, arcos, calles y recovecos que no son del todo apropiados para gozar de unas buenas condiciones acústicas. El caso es que mientras esperaba el inicio del concierto algo me hizo augurar que lo que íbamos a presenciar no iba a ser una fiesta “remember” de grandes éxitos de Dire Stratis. Junto a la batería, teclados y guitarras colocadas en el escenario, también podía verse un contrabajo, varias mandolinas, ukeleles, bouzoukis, flautas, gaitas y violines esperando en sus respectivos soportes. No hace falta ser demasiado inteligente para ver esto y darse cuenta de que el “set-list” del concierto iba a estar más próximo a la última etapa de Mark Knopfler que a la primera. Una lástima no haberme jugado el precio de la entrada con alguien a que así sería.

Pasaban seis minutos de las 22:00h. cuando los músicos que acompañan a Mark Knopfler en esta gira salían al escenario para colocarse paulatinamente en sus respectivas posiciones. Segundos después, un personaje ataviado con una gabardina confeccionada con los colores de la “Union Jack” aparecía por el flanco izquierdo del escenario para darnos la bienvenida a todos los allí presentes y presentar al legendario Mark Knopfler. Vestido completamente de azul y con su ya clásica Fender Stratocaster roja al hombro, Mark Knopfler iniciaba el concierto con los primeros acordes de uno de los principales éxitos de su carrera en solitario, el tema “What it is” publicado en su segundo álbum titulado “Sailing to Philadelphia” (2000). Sin duda fue una gran elección para iniciar el show de forma enérgica consiguiendo con ella que el público se entregase por completo, entrega que tuvo su continuidad con el pseudo-rockabilly “Corned Beef City” extraído de su nuevo disco “Privateering” pero que no supo aprovechar al encadenarlas con “Privateering”, el country que da título al nuevo trabajo, y “Hill farmer’s Blues”, una canción publicada en “The Ragpicker's Dream” (2002). En general estos dos temas dejaron al público barcelonés algo indiferente por no decir sumido en el mayor de los planchazos. No es que sean malos temas y en absoluto estuvieron mal ejecutados, pero el bajón anímico que provocaron en una audiencia entrada ya en años pero con ganas de marcha fue considerable.

Dicha actitud del público cambió por completo cuando Knopfler comenzó el inconfundible arpegio inicial de “Romeo and Juliet” en su mítica guitarra National Style-O que todo el mundo conoce por aparecer en la portada del clásico de Dire Straits “Brothers in arms”. Éste fue uno de los momentos álgidos de la noche (de los pocos que hubo) que no duró demasiado porque el “set-list” prosiguió con esa especie de milonga latina titulada “Postcards from Paraguay” que fuera publicada en el álbum “Shangri-La” (2004), el country “Marbletown” extraído del disco “The Ragpicker's Dream” (2002), un tema poco interpretado durante la gira de Mark Knopfler como es “Song for Sonny Liston”, también de “Shangri-La”, y otro tema de corte country como “Speedaway at Nazareth” del álbum “Sailing to Philadelphia”. Vuelvo a repetir que todas ellas son buenas piezas musicales y que los músicos que acompañan a Knopfler son excepcionales; pero considero que un repertorio como este, compuesto por temas tranquilos, la mayoría de ellos de más de cinco minutos de duración y en los que lo que prima es la calidad interpretativa más que la fuerza o la pasión expuesta en su interpretación, es mucho más apropiado para otro tipo de entorno como puede ser un teatro o una sala con sus localidades de asiento que para un concierto al aire libre. A pesar de todo, la calidad del sonido era magnífica quedando de esta forma patente que para disfrutar de un buen sonido quizás no sea tan importante el entorno en sí como el técnico que lo controla.

Durante toda la actuación pudimos asistir a momentos de virtuosismo musical por parte de los integrantes de la banda, alguno de ellos ya viejos conocidos del entorno de Mark Knopfler. En las guitarras de apoyo y ukelele le acompaña Richard Bennett, un discreto señor de sesenta y un años que más que un guitarrista parece el conserje de una finca o un profesor de ciencias naturales, pero que lleva con Knopfler desde 1994 y que ha trabajado como músico de estudio con grandes artistas como puedan ser Neil Young, Billy Joel, Barbara Streisand y un largo etcétera. En el bajo y contrabajo le acompaña Glen Wolf, otro grandísimo músico que lleva con él desde 1996 y que también ha trabajado con Bryan Adams, Kenny Rogers o Bob Seger entre otros. Es una auténtica maravilla ver tocar a Glen Wolf porque lo mismo le da tocar el bajo eléctrico con púa que con los cuatro dedos, que tocar el contrabajo con la mano o hacerlo con arco de violoncelo. Por lo que respecta a la batería, Ian Thomas, otro reputado músico de sesión que ha trabajado con artistas como Eric Clapton o Steve Winwood fue el encargado de marcar el ritmo de la banda. Otro viejo conocido de los estudios de grabación como Jimi Cox fue el encargado del piano, el órgano y el acordeón. Jim Cox ha grabado con gente tan dispar como Elton John, Barbara Steisand, Aerosmith, Pink, Henry Mancini, Neil Diamond, Ringo Star o B.B. King y su labor con el órgano “Rhodes” y el acordeón fue fundamental a la hora de recrear los sonidos más cincuenteros y de aires más celtas respectivamente. En el sintetizador y en las guitarras acústicas Mark Knopfler vuelve a contar con Guy Fletcher, el ex–teclista de Dire Straits. Desde la grabación de “Brothers in arms” en 1985 hasta la actualidad, Mark Knopfler y Guy Fletcher han sido prácticamente inseparables, tanto durante los años con Dire Straits como durante toda su carrera en solitario, habiendo pasado también por los Notting Hillbillies, y no sólo como músico de sesión y de directos sino también como arreglista y productor de alguno de sus discos. Pero además, la trayectoria de Guy Fletcher no se ha limitado a ser únicamente la mano derecha de Knopfler sino que también ha colaborado con otros grupos y artistas de renombre como Roxy Music, Mick Jagger, Tina Turner, Willy DeVille, Bryan Ferry o Cliff Richard entre otros. Y para acabar con el repaso de la banda, mención especial merecen dos músicos cuya aportación en el concierto fue verdaderamente imprescindible. Me refiero a Michael McGoldrick y a John McCusker, dos reputados músicos de estudio que con esos apellidos cualquiera puede imaginarse de dónde son sus orígenes y a qué se dedican. En efecto, ellos son los que le dan el toque irlandés al sonido (pese a ser ambos británicos de nacimiento), siendo Michael McGoldrick el encargado de la flauta, la gaita y en ocasiones algún instrumento de cuerda, y John McCusker el encargado del violín y del cistro. Ambos tuvieron momentos brillantes durante toda la actuación haciendo saltar los aplausos espontáneos del público en diversos momentos de la noche como el que iba a venir a continuación.

Llevábamos ya una hora y media de concierto cuando la gaita de Michael McGoldrick comenzó a sonar con las primeras notas del tema instrumental “Father and son” que Mark Knopfler compusiera y grabara en 1984 para la banda sonora de la película “Cal”. Fue un momento de despliegue sonoro y musical de la mejor calidad que dio paso a la recta final del concierto compuesta por el tema “Gator Blood” perteneciente a “Privateering”, la aclamadísima “Telegraph Road” de Dire Straits y “I used to could” también de “Privateering”. Las emociones que despertó y los rostros de felicidad que arrancó entre el público la interpretación de “Telegraph Road” fueron incomparables con la actitud provocada por cualquiera del resto de las canciones del “set-list”. Pero parece que Mark Knopfler es totalmente ajeno a este hecho o directamente le es indiferente porque de lo contrario no desplegaría un repertorio de trece canciones incluyendo únicamente dos de Dire Straits: “Brothers in arms” y “Telegraph Road”. En cualquier caso, tras “I used to could” la banda se retiraba para volver a aparecer sobre las tablas al cabo de pocos minutos para complacer a un público que durante todo el concierto llegó a solicitar a gritos temas como “Sultans of swing”. Lamentablemente no fue ni “Sultans of swing”, ni “Tunnel of love”, ni “Money for nothing”, ni ninguno de los temas más enérgicos y esperados de Dire Straits el que sonó a continuación. Muy al contrario, la canción elegida para cerrar la noche fue uno de los más sosos y aburridos que recuerdo de la discografía del grupo escocés: “So far away”. Tras él, la banda dudó entre si retirarse definitivamente o continuar hasta que, quién sabe si de forma natural o ficticia (+1 a la opción 2), el mismo Mark Knopfler convencía a sus músicos para volver a sus puestos y finalizar el concierto con “Going home”, el tema principal de la banda sonora de la película “Local hero”, escrita y registrada por Mark Knopfler allá por el año 1983.

De esta forma, y tras dos horas de reloj clavadas, llegaba a su fin un concierto que llevaba esperando muchísimos años pero tras el cual me sentí tremendamente decepcionado. Jamás he asistido a un concierto de una gran estrella internacional del que no me hubiera importando salir antes de su finalización. Quizás alguien pueda decirme: “Chaval, fuiste a ver a Mark Knopfler, no a Dire Straits” y no le faltará razón, pero a juzgar por los comentarios generales de la gente al salir del Poble Espanyol, tanto yo como la mayoría de los allí presentes nos sentimos realmente defraudados con la actuación de aquella noche. Desde mi humilde opinión, quizás Mark Knopfler debería escuchar un poco más lo que la gente que le paga le pide si con el paso de los años no quiere pasar de ser uno de los guitarristas y compositores más respetados del panorama musical internacional a uno de los músicos más coñazos del siglo XXI. Está muy bien grabar discos haciendo la música que a uno le gusta, pero los conciertos también son para que la gente que te admira se lo pase bien, no para que se aburran como putas ostras viéndote tocar.

sábado, 13 de julio de 2013

Atletes, baixin de l’escenari (Manel) 2013

Ya llevaba varios artículos y reseñas escribiendo en este blog sobre lo mucho que mola un garito, un disco, una peli o un documental, y sinceramente me apetecía sentarme delante del teclado para echar la pota como solía hacer antaño. Siempre he dicho que me siento mucho más cómodo hablando o escribiendo sobre lo que no me gusta que no sobre lo que me gusta porque tengo muchos más argumentos para justificar el motivo por el cual odio algo que el motivo por el cual me apasiona. El caso es que llevaba tiempo sin hacerlo y qué mejor manera de retomar aquella vieja práctica que reseñando alguna de las mierdas de éxito más grandes que se han generado en los últimos años. Me refiero a cualquiera de los discos de Manel.

Manel es un grupo catalán cuyo primer trabajo discográfico vio la luz en el año 2008, según el horóscopo chino el año de la Rata y según la FAO el año Internacional de la patata (como no podía ser de otra forma). Su formación; cuatro tipos llamados de forma tan glamourosa como Guillem Gisbert, Martí Maymó, Roger Padilla y Arnau Vallvé; se conocieron en la época del colegio y comenzaron a ser reconocidos como grupo a partir del año 2007, según el horóscopo chino el año del Cerdo, cuando quedaron finalistas del conocido concurso de maquetas “Sona9” y cuando ganaron el “Premi Joventut” que les permitió grabar su primer disco titulado ”Els millors professors europeus”. Desde entonces y hasta ahora han publicado el mencionado “Els millors professors europeus” (2008), “10 milles per veure una bona armadura” (2011) y este “Atletes, baixin de l’escenari” (2013) que nos ocupa. A decir verdad, no sabría decir cuál de ellos es mejor para el insomnio, pero el caso es que ahora mismo voy a centrarme únicamente en “Atletes, baixin de l’escenari”, que por lo que se ve lo está petando que te cagas.

Mirando los títulos de las canciones de “Atletes, baixin de l’escenari” podemos leer cosas como “Imagina’t un nen”, “Vés bruixot”, “Fes-me petons”, “Quin dia feia, amics” o un largo etcétera de combinaciones de palabras que presuntamente pretenden despertar el interés del oyente pero que a mí más bien me recuerdan títulos de episodios de los “Teletubies”, de las “Tres mellizas” o de “Pocoyó”. Pero bueno, si nos olvidamos del envoltorio y nos centramos en el contenido, descubrimos que “Atletes, baixin de l’escenari” es un disco de trece cortes a cuál más monótono, más insulso, más aburrido y con menos chicha, lo mismo que ocurría con cualquiera de sus dos anteriores trabajos. La voz grave, nasal y monotonal de Guillem Gisbert entonando (por llamarlo de alguna formas) esas letras que da hasta pereza ponerse a intentar entender de qué cojones tratan; sumada a las guitarras, tanto eléctricas como acústicas, más simples que el aparato reproductor de una Barbie, no hacen más que generar en mí una enorme cantidad de dudas y preguntas sobre el motivo del éxito de esta gente. Gracias a Dios lo he escuchado en la versión gratuita de Spotify y de vez en cuando iba saliendo algún anuncio publicitario de Mika, Dani Martín o Juan Magán que me hacían desconectar de tanta horripilación musical, porque de lo contrario creo que la integridad de mis venas hubiera peligrado seriamente.

Pero entonces, si las letras son todas ellas una gilipollez supina, la voz del pollomuelas que canta es lo más parecido a la vibración de la turbina de un generador eléctrico y la música no aporta nada sorprendente o maravilloso que jamás antes hayamos escuchado... ¿A qué se debe tanto éxito de esta gente? ¿Son guapos? Pues no, son unos tíos normales y corrientes tirando a vulgarmente feos. ¿Tienen un estilo totalmente nuevo? Pues tampoco, porque Manel son una mezcla impía de Los Planetas, Jaume Sisa, Pau Riba y Antonia Font (que vaya cuatro perlas también). ¿Entonces, cuál es la formula mágica para que una bandita normal y corriente tirando a mala que hacen pseudo-pop facilón como es el caso de Manel tenga tanto éxito? Pues es bien sencillo. Manel cantan en catalán. “Sona9” y el “Premi Joventut” son concursos musicales financiados por la Generalitat de Catalunya que fomentan y premian el uso de la lengua catalana en la música y que de vez en cuando van generando productos musicales catalanohablantes nuevos que, a gastos pagados, se encargan de normalizar el uso del catalán en la música a base de grabar discos y ofrecer conciertos. Es decir, que si eres catalán pero cantas en castellano como por ejemplo fue el caso de Estopa, Loquillo y Trogloditas o Los Rebeldes (por nombrar sólo tres de las más importantes bandas catalanas castellanoparlantes), pues te tienes que buscar las habichuelas por tu cuenta o comerte los cagaos. Sin embargo, si eres un grupo de mierda (por llamar las cosas por su nombre) pero cantas en catalán, para empezar tienes muchas más probabilidades de grabar tu primer disco, de salir de gira junto con otras bandas también promocionadas por el gobierno catalán, de salir en TV3 y de sonar en Catalunya Ràdio. Lo que pasa es que como Manel para el resto del país son rarunos por cantar en catalán, visten antiguo, llevan barba, jerseys de lana, camisas de cuadros, alpargatas de pintor y tocan el ukelele, la flauta y el xilofón, pues han traspasado las fronteras de Catalunya para aterrizar de pleno en el mundo “hipster” nacional y ahora también suenan y venden en el resto de la piel de toro. El puto mundo está loco.

domingo, 7 de julio de 2013

Apocalyptic love (Slash featuring Myles Kennedy and The Conspirators) 2012

Sin lugar a dudas, para el que escribe éste fue el mejor disco del año 2012. La verdad es que decir esto no es decir mucho ya que el volumen de mierda musical que salió al mercado durante el año pasado fue bastante importante, y con esa frase puede parecer que lo que quiero decir es que Slash es el rey tuerto en el país de los ciegos. No es esa mi intención sino todo lo contrario. Lo que quiero decir es que “Apocalyptic love” es una bocanada de aire fresco, un rayo de luz de esperanza y calidad musical que destaca con muchísima diferencia entre toda la montonera de estiércol que invade las estanterías de nuestras tiendas de discos habituales. No tuve tiempo de reseñarlo justo después de que viese la luz, pero como nunca es tarde si la dicha es buena, pues lo voy a hacer ahora que no creo que a nadie le importe.

Allá por Septiembre del año pasado ya escribí sobre “Made in Stoke”, el primer DVD en directo de la carrera en solitario de Slash que registró en su pueblo como resumen de la gira de conciertos promocionales de su álbum homónimo. En él, y durante toda la gira, Slash se acompañó sobre el escenario de un par de músicos canadienses llamados Todd Kerns (bajo) y Brent Fitz (batería), de su viejo amigo Bobby Schneck (guitarra rítmica) y de Myles Kennedy, vocalista de la banda Alter Bridge cuya voz ya quedó registrada en los temas “Starlight” y “Back from Cali” del primer álbum de Slash. Viendo el DVD yo nunca tuve la sensación de estar viendo a una mega estrella mundial acompañada de un puñado de músicos de sesión como puede pasar en los conciertos de Mark Knopfler, Steve Vai, Joe Satriani o de cualquier otro “Guitar Hero”. Aquí, de principio a fin el espectador está viendo a una banda de hard-rock totalmente compacta, como si llevaran diez o quince años de carrera juntos. Ese grado de compenetración, esa fuerza como banda y esa presencia encima de un escenario no podía ser desaprovechada así que en cuanto acabó la gira no tardaron el meterse en el estudio (todos salvo Bobby Schneck) para grabar el LP que nos ocupa.

Pese a que el nombre que aparece en la portada del disco con la tipografía más grande sea el de Slash, en esta ocasión el subtítulo “Featuring Myles Kennedy and The Conspirators” ya deja ver que sí, que es un disco de Slash (para que se entere todo el mundo de que el guitarrista de la chistera ha vuelto para quedarse), pero que tanto Myles Kennedy como Todd Kerns y Brent Fitz (The Conspirators) también tienen su peso específico en la composición y grabación de los temas y que ya no se trata de un disco de Slash con sus amigos como artistas invitados como sí ocurría en el anterior disco sino el trabajo de una banda con cara y ojos. Tras un año entero de escucha del álbum y conociendo bastante al dedillo toda su discografía post-Guns N’ Roses, me atrevería a decir sin dudarlo ni un segundo que ésta es la mejor formación con la que ha trabajado Slash desde el año 1995. Ni los Snakepit de Eric Dover, Matt Sorum, Gilby Clarke y Mike Inez; ni los Snakepit de Rod Jackson, Ryan Roxie, John Griparic y Matt Laug; ni los Velvet Revolver de Scott Weiland, Duff McKagan, Matt Sorum y Dave Kushner. Evidentemente con todos hizo grandes temas (con unos mejores que con otros) pero con ninguno de ellos consiguió cuajar un buen LP ni desplegar unos buenos conciertos como sí lo ha conseguido con Myles Kennedy and The Conspirators. Pero no sólo porque de una vez por todas ha conseguido un vocalista a la altura de su talento musical como es Myles Kennedy (impresionante lo que puede llegar a hacer este hombre con su voz), sino porque el disco en sí carece de fisuras ni elementos sobrantes que si pudieras te gustaría cambiar como ocurría con los anteriores trabajos de Slash. Escuchando cualquiera de los discos de los diferentes Snakepit y, sobre todo, los de Velvet Revolver, uno decía siempre eso de: “Sí, vale, no suena mal pero con Guns N’ Roses...”. Escuchando “Apocalyptic love” uno consigue algo hasta ahora inimaginable que es olvidarse de que el tío que toca la guitarra perteneció a Guns N’ Roses. Puede parecer increíble pero es cierto.

Destacar algún tema concreto del disco es una tarea bastante complicada puesto que todo él es una pieza compacta y difícilmente divisible, pero puestos a elegir los “singles” del disco por llamarlos de alguna manera sí que podríamos nombrar algunos temas como “Apocalyptic love”, “One last trill”, “You are a lie”, “Hard & fast” o “Halo” como piezas representantes del estilo hard-rock más contundente de mediados de los 90’s; “Anastasia”, cuya introducción recuerda en parte al “Babe I’m gonna leave you” de los Led Zeppelin pero cuyo cuerpo es un hard-rock metallero denominación de origen con un cierto toque épico; “Not for me”, posiblemente el tema más apoteósico del disco donde Slash se recrea en los solos central y final del tema y donde Myles Kennedy sube desde los niveles más bajos de su garganta hasta unos niveles de agudos imposibles; y la única balada del disco titulada “Far away”, que siendo balada no por ello es pastelosa o mierder como se podría haber esperado. Vamos, que al final he acabado nombrando casi todos los temas del álbum. Al margen de particularidades, el sonido global del disco es fresco y nada anticuado como ocurre cuando músicos de los 90’s reaparecen para intentar hacer lo mismo que hacían cuando estaban en el punto álgido de su carrera pero veinte años después. “Apocalyptic love” es un disco de un hard-rock totalmente adaptado a los tiempos que no suena para nada casposo, rancio o anacrónico.

Evidentemente nadie va a descubrir nada de Slash ni de sus cualidades como guitarrista a estas alturas de la vida, pero el tándem que ha formado con Myles Kennedy, un tío con personalidad propia, con talento vocal, creativo y compositivo tiene una pinta acojonante si éste llegara a tener continuidad. Un tipo como Myles Kennedy era justo lo que venía necesitando Slash desde hacía muchos años para salir un poco de la mediocridad en la que injustificadamente se ha visto envuelto durante años. Evidente e irremediablemente Slash siempre será el ex–guitarrista de Guns N’ Roses y en sus conciertos nunca podrán faltar ni “Sweet child o’ mine”, ni “Paradise City”, pero si éstos pueden ser interpretados por un vocalista a la altura de las circunstancias y además ir acompañados de temazos como los que componen “Apocalyptic love”, pues mejor que mejor. Esperemos que esta hermandad Slash-Kennedy dure por muchos años.

lunes, 1 de julio de 2013

Searching for Sugar man (Malik Bendjelloul) 2012

Yo creo que a estas alturas todo Cristo sabrá qué es eso de “Searching for Sugar man”. Sí, lo sé, ya voy tarde, pero bueno, por si todavía hay alguien que vaya más rezagado que yo (que ya es decir), pues voy a dar unas pequeñas pinceladas sobre la sinopsis de la película para ponernos en situación.

“Searching for Sugar man” es el poligalardonado documental sobre la vida y obra del cantautor underground de origen mexicano afincado en Detroit conocido como Rodríguez. A principios de los años setenta Rodríguez grabó dos álbumes titulados “Cold Fact” (1970) y “Coming from Reality” (1971) pero el poco éxito de sus trabajos en el mercado musical americano, ya sea por la incomprensión del público o por la falta de promoción por parte de la compañía discográfica, provocó que enseguida abandonara el mundo de la música teniendo que volver de nuevo a su profesión de empleado de la construcción. Lo que no se imaginaba de ningún modo es que, mientras él volvía a los andamios para ganarse la vida tras fracasar en el difícil negocio de la música, durante los años setenta y ochenta en Sudáfrica su álbum “Cold Fact” se convertiría en todo un símbolo en la lucha contra el apartheid gracias a sus letras comprometidas y reivindicativas, llegando a convertirse en el ídolo anónimo de toda una generación. Nadie sabía nada del artista conocido como Rodríguez pero todos los jóvenes sudafricanos conocían sus canciones, algunas de ellas incluso prohibidas por la censura. Fueron miles las leyendas urbanas que circularon sobre Rodríguez, sobre su procedencia, sobre su vida e incluso sobre su hipotética trágica muerte, pero nunca jamás nadie llegó a saber la verdad sobre él. Fue a mediados de 1990 cuando un fan del artista (Stephen “Sugar” Segerman) y un escritor y periodista musical (Craig Strydom) decidieron comenzar la búsqueda de Rodríguez siguiendo pistas, atando cabos y entrevistándose con diferentes personajes del hipotético entorno de Rodríguez, hasta que finalmente consiguieron dar con él e incluso hacerle volver a la música. “Searching for Sugar man” trata precisamente sobre todo esto.

Al margen de lo fascinante que pueda resultar la historia, de la forma tan brillante en la que Malik Bendjelloul consigue que el espectador se ponga en contexto, de lo admirable que fue el trabajo de las dos personas que decidieron aunar esfuerzos para ponerse a buscar a Rodríguez y de la sensación de injusticia artística con la que uno se queda al final del documental; la verdad es que no tiene ni punto de comparación el haber visto “Searching for Sugar man” durante la semana del estreno que haberlo visto en DVD varios meses más tarde. ¿Qué por qué? Pues porque no es lo mismo ver un documental sobre la búsqueda de un artista desaparecido de cuya vida no se sabe absolutamente nada desde hace cuarenta años sin tener ni puta idea de cómo va a terminar la historia, que verlo después de que todo el mundo hable de él, de haber escuchado unas cuantas veces la banda sonora de la película en Spotify, de haber visto al mismísimo Rodríguez actuando en decenas de grabaciones de YouTube e incluso de haberlo visto programado en el cartel del festival Primavera Sound celebrado en mi misma ciudad (aunque luego se cayera y no llegara a venir). Supongo que es algo inevitable el enterarse del final de la historia, mucho más incluso que si se tratase de una película normal y corriente puesto que los Spoilers son hasta cierto punto evitables pero a un tío de verdad que va actuando por medio mundo no se le puede esconder para que nadie se entere de que lo han encontrado, pero la cuestión es que este hecho no deja de quitarle como mínimo un 70% de encanto y emoción al metraje.

A pesar de haberlo visto sin la emoción de no saber cómo iba a terminar todo, reconozco que el trabajo que hay detrás del documental es sencillamente genial. Tanto por lo que respecta a la investigación llevada a cabo por Stephen “Sugar” Segerman y Craig Strydom, como por el trabajo de recreación de los ambientes de las calles y los antros de mala muerte del Detroit de los años sesenta. Además, la banda sonora (que fue el principal motivo por el que me interesé por este documental y no tanto por las buenas críticas que pudiera tener o por la infinidad de recomendaciones que he recibido sobre él durante los últimos meses) ya de por sí vale muchísimo la pena te guste el género documental o no.

La pregunta que uno se hace al final de “Searching for Sugar man” es la siguiente: ¿Cuántos casos de talentos incomprendidos y desaprovechados habrá habido a lo largo de la historia (aunque no hayan sido iconos contraculturales de ninguna generación) y cuántos grandes artistas nos habremos perdido por el simple hecho de no haber pasado el siempre discutible filtro del criterio de los empresarios de la industria musical? No tengo ningún dato que lo confirme ni me pienso poner a investigarlo como hicieron Segerman y Strydom porque ahora mismo he quedado, pero me atrevería a decir sin miedo a equivocarme que el caso de Sixto Rodríguez no es ningún caso aislado ni ninguna excepción que confirma la regla.

sábado, 11 de mayo de 2013

Ariel Rot presenta su nuevo disco “La Huesuda” en los conciertos de Radio 3

El último disco que grabó Ariel Rot se titulaba “Solo Rot” y aquello fue allá por el año 2010. Tres añazos han tenido que pasar para que el que fuera guitarrista de grupos tan fundamentales como Tequila y Los Rodríguez se haya vuelto a meter en el estudio de grabación para registrar un nuevo álbum en solitario. En todo este tiempo el argentino no ha dejado de trabajar. Además de colaborar junto a Jaime Urrutia en el programa “La Ventana” de la cadena SER, tras la publicación de “Solo Rot” Ariel se embarcó en una larga gira promocional de su disco actuando en diferentes salas de conciertos del país. A esta gira de conciertos con banda y en eléctrico le siguió otra gira que llevó a cabo él solito, sin acompañamiento alguno, por teatros y pequeñas salas de aforo reducido la cual se alargó hasta bien entrado el año 2012. Finalmente, el pasado día 7 de Mayo salió a la venta un nuevo trabajo de Ariel Rot titulado “La Huesuda”, y qué mejor manera de presentarlo que hacerlo en los conciertos de Radio 3. Si no pudiste verlo en su momento y te interesa saber cómo suenan las nuevas canciones del músico argentino, a continuación os adjunto la actuación íntegra dividida en cuatro partes. Espero que lo disfrutéis.

domingo, 21 de abril de 2013

Homo Sibaris

Últimamente se está poniendo muy de moda todo lo relacionado con el mundo de la cerveza. La cerveza siempre había sido la bebida alcohólica barata por excelencia y su consumo era propio de chiringuitos playeros, de bares Manolo, de conciertos en vaso de plástico, de cañita acompañando unas tapas o de botella de litro en el parque con los colegas. Pero de un tiempo a esta parte la concepción de la cerveza está cambiado de forma radical, llegándose a convertir en todo un producto digno de estudios y análisis gastronómicos de lo más sofisticados, alcanzando niveles similares a los del vino. Y esto se está notando, por ejemplo, en que los bares e hipermercados cada vez ofrecen más variedad de marcas, procedencias y tipos de cerveza; en la proliferación de carteles anunciadores de catas, cursos de fabricación, festivales y ferias cerveceras por calles y redes sociales; y en el incremento del número de webs, blogs y libros que se publican sobre la susodicha bebida. Pero si hay algo de esta nueva moda que se agradezca de verdad, es la progresiva aparición de cervecerías artesanas en las calles y plazas de nuestras ciudades como alternativa a los bares y pubs de toda la vida. En el presente artículo quisiera recomendar una de estas cervecerías que abrió sus puertas hace algo más de dos años en el barrio de Sants de Barcelona y que poco a poco se ha convertido en uno de mis locales de tarde-noche preferidos de la Ciudad Condal. Me refiero a Homo Sibaris.

Homo Sibaris es un pequeño local ubicado en plena Plaça d'Osca del mencionado barrio de Sants de Barcelona, totalmente especializado en la cerveza de calidad fabricada de forma natural y tradicional. Que nadie pretenda tomarse en Homo Sibaris una Heineken, una Carlsberg, una San Miguel o cualquiera de esos meados de burra embotellados y etiquetados bajo el nombre de cerveza porque allí no las va a encontrar. En Homo Sibaris únicamente despachan, tanto para tomar allí mismo como para llevar a casa (porque además de cervecería también es tienda), cerveza artesana procedente de cualquier lugar del mundo, eso sí, apoyando siempre de forma muy especial a las cervezas de producción catalana. Así pues, en Homo Sibaris uno puede degustar y comprar desde cervezas japonesas a alemanas, pasando por inglesas belgas o irlandesas, sin olvidar las fabricadas en Sitges, Olot o directamente en el propio barrio de Sants.

El espacio del local es relativamente reducido pero muy confortable. Pasando de largo el mostrador, frente al cual se exponen las botellas que se encuentran a la venta, se llega a una sala decorada a base de mesas y sillas de madera, estanterías de libros y cuya pared principal está presidida por la clásica imagen de la evolución del “homo sapiens” adaptada al nombre del local. Un gran espejo de pared y una serie de pizarras conforman el resto de decoración del local, algo austero pero muy acogedor. En las pizarras mencionadas con anterioridad se exponen las ocho clases de cerveza de tirador de las que dispone en ese momento. El local cuenta con un total de seis grifos y dos bombas de mano, y en función del día o de la semana los tipos de cerveza que se ofrecen pueden ir variando.

En cuanto el servicio, decir que éste es exquisito. Sea quien sea la persona que se acerque a atendernos, jamás le dolerán prendas a la hora de explicarnos las diferentes procedencias, variedades, graduaciones, materiales utilizados para su elaboración, matices de color, aroma, textura o sabor, y todos los detalles sobre las diferentes cervezas disponibles en ese momento. Todos ellos son gente muy entendida en la materia y la verdad es que da gusta escucharles hablar de sus productos y dejarse aconsejar por ellos.

Pero además de ser un lugar ideal para degustar unas buenas cervezas antes o después de cenar, en Homo Sibaris también ponen a disposición del cliente una excelente carta de quesos y embutidos de la tierra, de manera que uno también puede acercarse allí a picar algo a media tarde o directamente a cenar, porque el horario de Homo Sibaris es de 17:30h. a 00:00h. todos los días de domingo a jueves, y de 17:30h. a 02:00h. los viernes y los sábados.

Homo Sibaris
http://www.homosibaris.com
Plaça Osca Nº4
Metro: Plaça de Sants