jueves, 8 de noviembre de 2007

Parasiempre (Héroes del Silencio) 1996

Grabado durante su última gira española y publicado poco antes de la disolución del grupo, el día 28 de Septiembre de 1996 salía a la venta “Parasiempre”, un doble LP en directo que serviría como disco de despedida de Héroes del Silencio. Podría decirse que “Parasiempre” es el primer disco en directo de la carrera de Héroes del Silencio puesto que sus anteriores grabaciones oficiales en vivo, “En directo” y “Senda ‘91”, fueron dos mini discos publicados en edición limitada y con muy pocos temas en su interior. En esta ocasión el disco se editó a nivel internacional y con un total de diecinueve canciones, quedando así saldada la deuda con los fans menos madrugadores que no pudieron conseguir copias originales de “En directo” y “Senda ‘91”. Esta vez sólo se tuvo el detalle de regalar una cinta VHS con las 10.000 primeras copias del álbum, la cual contenía un breve documental sobre la gira “Avalancha”.

“Parasiempre” fue registrado a partir de la grabación de los conciertos celebrados los días 7 y 8 de Junio de 1996 en el Palacio de los Deportes de Madrid y en la Plaza de Toros de Zaragoza respectivamente. El disco es una muestra bastante fiel de lo que fue la última gira de Héroes del Silencio, una gira en la que, además de tocar gran parte de los temas de su último disco, el grupo obsequió a sus fans con un repertorio especial repasando los grandes éxitos de su carrera.

El primero de los discos comienza con un bloque de canciones del álbum “Avalancha” formado por “Deshacer el mundo”, “Iberia sumergida”, “Días de borrasca” y “Parasiempre”, y continúa con “El camino del exceso”, “La sirena varada”, “Maldito duende”, “La chispa adecuada”, “Oración” y una versión de “Nuestros nombres” con un final un tanto extenso que, además de minutos de relleno, no aporta gran cosa al tema original. El segundo disco comienza con “Hechizo”, “Entre dos tierras” y “Avalancha”, tras la cual Enrique Bunbury se despide del público con la expresión “Que os vaya bonito” recién adquirida en tierras mexicanas. A modo de bis, el disco sigue con un set acústico, que en los conciertos el grupo interpretaba sentados sobre taburetes en la parte frontal del escenario, compuesto por “Flor de loto”, “Flor venenosa” y “La herida”. Tras este momento íntimo y pseudomístico, el disco da sus últimos coletazos con “Mar adentro” y “Opio” versión “Ganges vals” con silbidos incluidos.

“Parasiempre” finaliza con una versión de “Decadencia” de once minutos de duración que, al más puro estilo “Dazed and Confused” de Led Zeppelin, se prolonga en un medley interminable compuesto por temas como “Hound Dog” de Elvis Presley, “La mala hora” de Radio Futura y una serie de estupideces poco originales que Enrique Bunbury va soltando quedándose tan ancho. Al final de la canción, Bunbury presenta a la banda y se despide de una forma premonitoria: “Nos vemos en la gira del próximo milenio”.

Como se habrá podido observar en lo escrito anteriormente, “Parasiempre” no es mi disco preferido de Héroes del Silencio ni mucho menos. Hay una serie de cosas que hacen que le tenga una especial manía y que no acabe de gustarme del todo. En primer lugar no entiendo cómo, si el disco está grabado a caballo entre Zaragoza y Madrid, la única referencia que hay a Zaragoza en todo el álbum es un discreto “Buenas noches Ciudad Inmortal” al principio de éste. Sin embargo, al final del segundo disco puede escucharse a Enrique Bunbury diciendo “Ustedes, Madrid, un público único”. ¿Es que todo el mundo ha de saber que Zaragoza es “La Ciudad Inmortal”? Escuchando el disco, cualquiera que no lo sepa puede llegar a pensar que éste se grabó íntegramente en Madrid, lo cual no sé si será premeditado por parte de la compañía discográfica. En segundo lugar no me gusta la producción realizada por Andy Jackson, el ingeniero de sonido del álbum “Avalancha”. A diferencia de “En directo” y “Senda ‘91”, en “Parasiempre” todo suena muy lejano y el público se escucha demasiado alto. Durante toda la grabación, la voz principal de Enrique Bunbury está al mismo nivel que los coros de Joaquín Cardiel y Alan Boguslavsky, y la guitarra de Juan Valdivia suena con el mismo volumen que la de Alan, ambas más bajas que la batería y el bajo. Vamos, un desastre.

Además, a estas alturas de la gira el estado de la muñeca izquierda de Juan Valdivia, aquejado de una grave tendinitis, ya era bastante precario, lo cual también queda reflejado en el disco. Escuchando con detenimiento es fácil darse cuenta que en algunas canciones (como por ejemplo “Deshacer el mundo”) donde debería sonar uno de esos solos de guitarra tan característicos de Juan, únicamente suena un breve punteo inicial y una sucesión de rasgueos rítmicos de guitarra. En otros temas con menos complejidad sí puede escucharse algún solo pero con mucha menos calidad de la que podría haber habido si Juan hubiera estado en plenitud de condiciones.

Por último, decir que en este disco hasta la portada es lamentable. En esta ocasión el trabajo de diseño y fotografía fue llevado a cabo por Joaquín Cardiel y Ana Ortiz de Landazúri, hermana de Enrique Bunbury. En la portada ni sale el grupo ni hay complejos símbolos como antaño, simplemente podemos ver una imagen tomada desde la platea del Teatro Ópera de México D.F., con la sombra de Enrique Bunbury agarrado a un micrófono proyectada sobre un fondo anaranjado. Todo un derroche de creatividad.

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